martes, 8 de agosto de 2017

Educación y Prevención

Desde hace un tiempo, escribo acerca de la contingencia de ciertas situaciones que ocurren en nuestro país, esta vez, no será diferente.
Al desarrollar un currículum educativo, muchos de mis colegas especialistas se pueden encontrar con muchos elementos que dificultan la redacción y proyección de un modelo educativo que sea significativo, por eso al crear una visión o visión, es imperante saber que es lo que vamos a formar o modificar en esos hermosos seres que llamamos educandos. Un elemento que puede ser una piedra de tope es lo que personalmente llamo “currículum reactivo”, que se define como los elementos curriculares que se integran a los programas educativos mediante la reacción de la sociedad ante un hecho mediáticamente llamativo, un hito histórico que puede “prevenirse desde el colegio” pero que nunca fue previsto por los expertos. Daré un ejemplo, hasta hace unos años atrás no se consideraba la diversidad como parte del programa educativo de las Ciencias Sociales, pero debido a los hechos ocurridos durante la primera década del siglo, donde se ha discriminado a las minorías sexuales, femicidios o la migración masiva, el país debió levantar un proyecto de ley que evite la discriminación, como la llamada “Ley Zamudio”.
No me refiero a que este tipo de leyes sean malas, las apoyo y valoro, pero todo este efecto mediático, recae inevitablemente en el modelo educativo, como integración de horas clase para la “conversación de estos temas” con niños y ojalá algún día, con los padres.
La crítica que hago en esta ocasión se refiere a dos situaciones, la primera tiene que ver con la baja prevención en las leyes que nos involucran a todos los que habitamos Chile, dejado en claro que estamos esperando que ocurran las catástrofes para generar instancias de protección, no es necesario que siga dando ejemplos, pero cuando muere alguien, se pone su nombre al proyecto de ley, eso no permite desarrollo, no existen políticas preventivas para distintas situaciones de los millones de habitantes, tampoco una contextualización adecuada en las leyes, por lo tanto no se considera las variables climáticas ni las culturales en cuanto a la protección y prevención.
En segunda instancia es desagradable seguir conociendo casos en los que los colegios deben recibir instrucciones para revisar temas de contingencias mediáticas, donde se debe dejar de lado un programa, para explicarle a los niños y jóvenes que está pasando en el país, debido a que los padres no han sido capaces de explicar lo que ven en la televisión.
Cuando se desarrolla un modelo educativo, se debe pensar en todo lo que un niño o joven recibirá en su cabeza, durante largos doce años desde su escolaridad formal (para algunos horribles 14 años). Por lo tanto, es complejo crear un modelo a nivel nacional que desarrolle las habilidades de manera correcta si las limitaciones horarias que exige el Ministerio, hacen que la desigualdad en las asignaturas sea una complicación, la evaluación exigente para competir entre escuelas sea otra complicación y las horas lectivas en los profesores sea la mayor complicación.
Los apoderados no ven esto, solo proporcionan una resistencia (aprendida) al momento de proponer instancias de conversación de temas “complejos”, entonces cuando se solicita colaboración, se recibe un rotundo rechazo, ya sea por miedo, desconocimiento o religiosidad (que define muchos de los problemas en este país).

Ya explicado el punto principal, entraré en materia de prevención dentro de un modelo educativo, en esta parte, debemos poner atención como sociedad, familia y escuela, porque sabemos lo que ocurre, pero seguimos sin hacer nada.
La deserción escolar es un tema invisibilizado por los colegios debido a una necesidad de normalizar criterios y de estructurar a los educandos a una sociedad civilizada y tecnocrática, para satisfacer necesidades de crecimiento económico y poco sociable, más bien individualista y egoísta, obviando a la persona como ser, como humano.
Pero es la deserción creada por un modelo educativo enfocado en la competitividad, lo que genera una falta de prevención en el colegio, donde un niño es separado de su derecho a educarse porque es desordenado, complejo en sus relaciones interpersonales o simplemente es discriminado por su clasificación socio-económica. Esta separación genera una movilidad de un niño en muchos colegios o escuelas, donde se apiadan de la familia. Si a esta discriminación le sumamos un ambiente nocivo en cuanto a delincuencia y drogadicción y una familia con pocas habilidades parentales, crea la tormenta perfecta para un futuro adolescente que buscará sobrevivir a la sociedad. No dejo de lado la resiliencia, aunque algunos la desarrollan, en la escuela no se enseña, y eso nos deja más jóvenes frustrados que pueden ingresar a una carrera delictiva o de drogadicción o consumo problemático.
La idea de esta crítica es una propuesta, esa que aprendimos los educadores que dejamos las aulas para ingresar al modelo de rescate que genera el Servicio Nacional de Menores, mirando a nuestros niños como “sujeto de derecho”, más allá del “sujeto pedagógico”, ese que solo debe aprender para ingresar a la sociedad, aunque no encaje en ella. Debemos ver la diversidad de familias y de talentos que nuestros jóvenes tienen, para poder desarrollarlas de manera correcta, en todos los niños, niñas y jóvenes que ingresan a la escuela.
Con esa mirada, el niño deja de ser una molestia en la sala, para pasar a ser un niño con necesidades sociales, no solo necesidades educativas especiales. Debemos dejar de mirar a los niños como seres que necesitan una pastilla para calmarse y el profesor pueda hacer la clase. Se entiende la exigencia que tienen los profesores y que puede ser utópico, pero en podríamos hacer las clases sin pensar en una calificación, sin medir a los niños por algo que no les sirve,
En definitiva, les puedo dejar una pregunta a mis colegas: ¿cómo harían sus clases, si la nota no importara? Eso les puede ayudar a evitar muchos problemas a futuro, sobretodo el que me llama a escribir este artículo, la deserción que llevó a la delincuencia o cómo la educación puede ser el modelo preventivo en cuanto a una carrera delictual en potencia. Espero dejar la tarea a todos, apoderados, profesores, incluso a los alumnos que tuve y los directivos que puedan leer esto.
Es una tarea importante diseñar un modelo educativo de prevención (no solo del delito) en todo ámbito de la vida, con eso tendríamos jóvenes que pensarían de manera empática y los conflictos se solucionarían entre las personas involucradas y aprenderíamos a convivir.

Cuántas veces escuchamos “más vale prevenir que lamentar”, espero tome sentido esta frase, como forma de vida.

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