Desde hace un
tiempo, escribo acerca de la contingencia de ciertas situaciones que ocurren en
nuestro país, esta vez, no será diferente.
Al desarrollar
un currículum educativo, muchos de mis colegas especialistas se pueden
encontrar con muchos elementos que dificultan la redacción y proyección de un
modelo educativo que sea significativo, por eso al crear una visión o visión,
es imperante saber que es lo que vamos a formar o modificar en esos hermosos
seres que llamamos educandos. Un elemento que puede ser una piedra de tope es lo
que personalmente llamo “currículum reactivo”, que se define como los elementos
curriculares que se integran a los programas educativos mediante la reacción de
la sociedad ante un hecho mediáticamente llamativo, un hito histórico que puede
“prevenirse desde el colegio” pero que nunca fue previsto por los expertos.
Daré un ejemplo, hasta hace unos años atrás no se consideraba la diversidad
como parte del programa educativo de las Ciencias Sociales, pero debido a los
hechos ocurridos durante la primera década del siglo, donde se ha discriminado
a las minorías sexuales, femicidios o la migración masiva, el país debió
levantar un proyecto de ley que evite la discriminación, como la llamada “Ley
Zamudio”.
No me refiero a
que este tipo de leyes sean malas, las apoyo y valoro, pero todo este efecto mediático,
recae inevitablemente en el modelo educativo, como integración de horas clase
para la “conversación de estos temas” con niños y ojalá algún día, con los
padres.
La crítica que
hago en esta ocasión se refiere a dos situaciones, la primera tiene que ver con
la baja prevención en las leyes que nos involucran a todos los que habitamos
Chile, dejado en claro que estamos esperando que ocurran las catástrofes para
generar instancias de protección, no es necesario que siga dando ejemplos, pero
cuando muere alguien, se pone su nombre al proyecto de ley, eso no permite
desarrollo, no existen políticas preventivas para distintas situaciones de los
millones de habitantes, tampoco una contextualización adecuada en las leyes, por
lo tanto no se considera las variables climáticas ni las culturales en cuanto a
la protección y prevención.
En segunda
instancia es desagradable seguir conociendo casos en los que los colegios deben
recibir instrucciones para revisar temas de contingencias mediáticas, donde se
debe dejar de lado un programa, para explicarle a los niños y jóvenes que está
pasando en el país, debido a que los padres no han sido capaces de explicar lo
que ven en la televisión.
Cuando se
desarrolla un modelo educativo, se debe pensar en todo lo que un niño o joven
recibirá en su cabeza, durante largos doce años desde su escolaridad formal
(para algunos horribles 14 años). Por lo tanto, es complejo crear un modelo a
nivel nacional que desarrolle las habilidades de manera correcta si las
limitaciones horarias que exige el Ministerio, hacen que la desigualdad en las
asignaturas sea una complicación, la evaluación exigente para competir entre
escuelas sea otra complicación y las horas lectivas en los profesores sea la
mayor complicación.
Los apoderados
no ven esto, solo proporcionan una resistencia (aprendida) al momento de
proponer instancias de conversación de temas “complejos”, entonces cuando se
solicita colaboración, se recibe un rotundo rechazo, ya sea por miedo,
desconocimiento o religiosidad (que define muchos de los problemas en este
país).
Ya explicado el
punto principal, entraré en materia de prevención dentro de un modelo
educativo, en esta parte, debemos poner atención como sociedad, familia y
escuela, porque sabemos lo que ocurre, pero seguimos sin hacer nada.
La deserción
escolar es un tema invisibilizado por los colegios debido a una necesidad de
normalizar criterios y de estructurar a los educandos a una sociedad civilizada
y tecnocrática, para satisfacer necesidades de crecimiento económico y poco
sociable, más bien individualista y egoísta, obviando a la persona como ser,
como humano.
Pero es la
deserción creada por un modelo educativo enfocado en la competitividad, lo que genera
una falta de prevención en el colegio, donde un niño es separado de su derecho
a educarse porque es desordenado, complejo en sus relaciones interpersonales o
simplemente es discriminado por su clasificación socio-económica. Esta separación
genera una movilidad de un niño en muchos colegios o escuelas, donde se apiadan
de la familia. Si a esta discriminación le sumamos un ambiente nocivo en cuanto
a delincuencia y drogadicción y una familia con pocas habilidades parentales,
crea la tormenta perfecta para un futuro adolescente que buscará sobrevivir a
la sociedad. No dejo de lado la resiliencia, aunque algunos la desarrollan, en
la escuela no se enseña, y eso nos deja más jóvenes frustrados que pueden
ingresar a una carrera delictiva o de drogadicción o consumo problemático.
La idea de esta
crítica es una propuesta, esa que aprendimos los educadores que dejamos las
aulas para ingresar al modelo de rescate que genera el Servicio Nacional de
Menores, mirando a nuestros niños como “sujeto de derecho”, más allá del “sujeto
pedagógico”, ese que solo debe aprender para ingresar a la sociedad, aunque no
encaje en ella. Debemos ver la diversidad de familias y de talentos que
nuestros jóvenes tienen, para poder desarrollarlas de manera correcta, en todos
los niños, niñas y jóvenes que ingresan a la escuela.
Con esa mirada,
el niño deja de ser una molestia en la sala, para pasar a ser un niño con
necesidades sociales, no solo necesidades educativas especiales. Debemos dejar
de mirar a los niños como seres que necesitan una pastilla para calmarse y el
profesor pueda hacer la clase. Se entiende la exigencia que tienen los
profesores y que puede ser utópico, pero en podríamos hacer las clases sin
pensar en una calificación, sin medir a los niños por algo que no les sirve,
En definitiva,
les puedo dejar una pregunta a mis colegas: ¿cómo harían sus clases, si la nota
no importara? Eso les puede ayudar a evitar muchos problemas a futuro,
sobretodo el que me llama a escribir este artículo, la deserción que llevó a la
delincuencia o cómo la educación puede ser el modelo preventivo en cuanto a una
carrera delictual en potencia. Espero dejar la tarea a todos, apoderados,
profesores, incluso a los alumnos que tuve y los directivos que puedan leer
esto.
Es una tarea
importante diseñar un modelo educativo de prevención (no solo del delito) en
todo ámbito de la vida, con eso tendríamos jóvenes que pensarían de manera
empática y los conflictos se solucionarían entre las personas involucradas y
aprenderíamos a convivir.
Cuántas veces
escuchamos “más vale prevenir que lamentar”, espero tome sentido esta frase,
como forma de vida.
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